sábado, 10 de marzo de 2012

LOS DUENDES DE LA MISERICORDIA






¡Qué bellas son las calles
cuando están desprovistas
de los pasos humanos!
¡Qué oscuras y regocijantes!
Adoro caminar cuando
las sombras me cobijan.




Es como una regresión
al vientre materno
cuando todo era 
una extraña felicidad
acuosa e íntima.




Escucho la danza
de los pocos árboles
que los humanos
han permitido soberbiamente 
que quedarán en pie.




Ellos intentan contarme
con su lenguaje silencioso
sus trágicas historias
atrapados en una jungla
no elegida ni deseada
no merecida y angustiante.




Jungla de cemento
plena de aire viciado
de ruido ensordecedor
y puedo leer en sus almas
la triste resignación,
de un destino no deseado.




Elevo mi mirada a los cielos
al mezquino cielo
que se me permite ver
desde la perspectiva
de los grises edificios.




Rezo al viento una plegaria
para que no los deje solos.
Que día a día ,noche anoche,
les alcance sus melodías de vida,
el trino de los pájaros ausentes
y el titilar de las luciérnagas.




Susurro al pasar verdes hechizos
para que regresen las mariposas
a inpregnarlos de alegría,de color
para continuar,para sobrevivir,
extirpando la tortura 
a la que los hemos condenado.




Sigo caminando pausadamente,
a mis espaldas se asoman recelosos
los duendes de la misericordia,
ellos saben que no soy amenaza
pero soy un humano más...
y comprendo sus prudencias.




Retomo mi camino sin mirar atrás
hasta que se borran mis huellas
a la vuelta de la esquina...
y una lágrima contenida
sale disparada...¡Cuanto dolor...!




XIMENA
(Sirena_Azul)

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